Pensamientos y pesares

En este blog, daré cabida a pensamientos personales sobre diferentes temas sin mas pretensión que dar vía libre a mis pensamientos y sentimientos.
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jueves, 16 de abril de 2026

Aprendiendo a ver museos

Cuando hacemos eso que llamamos turismo, una de las actividades casi inevitables es visitar un museo. ¿Cómo estar en Madrid sin pasar por el Prado, o en París sin entrar en el Louvre? Lo mismo podría decirse de tantos otros museos, de toda índole, repartidos por el mundo.

El problema es que, al recorrerlos, solemos limitarnos a confirmar con nuestros propios ojos lo que ya hemos visto mil veces en fotografías. Nos detenemos ante las obras más famosas e ignoramos otras muchas que, aun siendo desconocidas, no son menos interesantes. Así, podemos decir que hemos visto la Gioconda, la Dama de Elche, la piedra Rosetta, el busto de Nefertiti y un largo etcétera, pero salimos sabiendo prácticamente lo mismo que al entrar.

Yo mismo he caído en ese error. Reconozco haber visitado museos de los que salía igual que entraba: sin haber aprendido nada nuevo, lanzando apenas miradas rápidas a las piezas, sin detenerme en los detalles.

Sin embargo, cuando empecé a visitar museos que realmente despertaban mi interés, como algunos etnográficos o de ciencias, mi forma de recorrerlos cambió. Empecé a detenerme, a observar con calma, a fijarme en los pequeños matices. Y también he de admitir que a veces lo he pasado mal cuando iba acompañado, porque sentía que mi ritmo ralentizaba al grupo.

Creo que en la escuela debería enseñarse a visitar museos: no solo a ir, sino a mirar. A valorar lo que se expone y a entender que una visita no debería ser un simple trámite turístico. Ese afán de decir “yo he estado en el Louvre” para dárnosla de "culturetas",  resulta vacío si salimos de allí tan ignorantes como cuando entramos.

lunes, 11 de agosto de 2025

Extranjeros que nos imponen sus costumbres (No es lo que parece)

Hacer turismo no es viajar
El otro día yendo por el pueblo vi como gente extranjera recién llegada nos impone sus costumbres. Vi restaurantes con sus menús en sus lenguas nativas y también comercios con lenguas extranjeras. Lo único malo es que esos extranjeros se les llama turista y sus costumbres las aceptamos de muy buen grado, aunque pongamos todo tipo de comercios con nombres ingleses y todo tipo de cartelería en lengua británica.

Esta muy, pero que muy bien saber inglés y se debe estar orgulloso de saberlo, pero mucho mejor esta saber cuándo usarla. Si ellos traen su presencia, ¿Qué menos que ofrecerle nuestra esencia y no convertir esto en una cutre copia de sus modus vivendi? ¿De qué sirve ir a un lugar y no haber visto nada de lo genuino del sitio y si un acomodamiento al lugar de procedencia?

Cuando me preguntan por la diferencia entre viajero y turista, siempre digo, que el viajero se adapta al lugar y el turista busca que el lugar se adapte a él.

Conmigo que no cuenten para esas bufonadas.  

jueves, 10 de julio de 2025

La leyenda de la fuente de Elorrio



Esta es la fuente "Iturrizoro" que da origen a la leyenda

Siendo niño esta fue la primera leyenda que conocí del pueblo que me acogió en los años 70.

Elorrio es un pueblo situado en el corazón de Euskadi. Aunque pertenece a Bizkaia hace frontera con Araba y Gipuzkoa. Es un pueblo con bastante aire señorial y muchas de sus casas están adornadas con blasones.

Tiene numerosos monumentos, algunos curiosos como una fuente copia de las fuentes de Perú con marcado sabor inca o un conjunto de estelas y sarcófagos que se encuentran en la barriada de Argiñeta además de otros muchos complementos, numerosos cruceros de termino, trozos de muralla, casas blasonadas, viejos caseríos, varias iglesias y numerosas ermitas, etc.

Voy a contar un tópico sobre la gente de Elorrio. La gente de este pueblo tiene fama de estar tocados del ala y esto se explica mediante una leyenda.

En la plaza del pueblo, que guarda las características de numerosos pueblos vascos con frontón, iglesia y ayuntamiento está acompañado de ese cuarto elemento siempre presente en las viejas plazas de pueblo. Se trata de una fuente denominada "Iturrizoro" (La fuente loca o fuente de los locos).

Esta fuente, se dice que fue construida en un momento de escasez de madera debido a conflictos de la época que atemorizaba a la gente del pueblo a acudir a los montes a proveerse de ella. Esto hizo que se reciclara la madera y usaron madera de ataúdes a la hora de hacer esta fuente, quedando con ello “maldita” y todo aquel que bebe esa agua pierde el juicio.

Aunque parezca tontería, hace años entre gente de cierta edad había quien se negaba en redondo a beber de esa agua.

¿Tu beberías? 

PD:
Según parece esta leyenda tiene algo de cierta en lo que afecta a su construcción.

Según  el historiador Juan Ramón Iturriza asegura que lajas de sepulcros situados en Santa Cruz de Memaia y santa María de Memaia  fueron usadas como canalización para llevar el agua de la conocida fuente “La Nevera” a la fuente de Elorrio.

PD 2: Otra versión menos romántica dice que el nombre de "Iturrisoro" viene de dos enfermos huidos del hospital psiquiátrico de Santa Águeda del vecino municipio de Arrasate fueron encontrados junto a la fuente.   

domingo, 4 de febrero de 2018

Lo que une un libro

A veces un simple libro une
Hace una semana teniendo que hacer un viaje en autobús cogí un libro de relatos cortos con el fin de hacer el viaje más ameno. En el autobús me toco compartir asiento con un viajero que estaba de paso recorriendo el norte de la península y que compartía su viaje con otras cuatro personas todas ellas de Cataluña. Como en los autobuses y trenes hemos perdido la costumbre de sociabilizar en cuanto salimos de la estación de bus saqué mi libro y me puse a leer. De inmediato fui interrumpido de forma amable por este acompañante mostrando curiosidad por el libro en cuestión cosa que genero una larga conversación a la que se unieron sus acompañantes y que derivo en diversos temas salvo en el candente y soporífero tema de Cataluña.

Yo no sé si esos catalanes eran independentistas o no lo eran, y ciertamente me da igual. A mí lo que me demostraron que eran buena gente y al igual que con cualquier buena gente lo que menos me importaba era si eran independentistas o no lo eran.

Muchas veces une el tener una afición en común cosa que no pueden hacer muchas ideas o creencias por muy chupiguays que creamos que son y que la razón está de nuestro lado.

sábado, 26 de agosto de 2017

Un país sin banderas

 
El gallo "Barcelos"
Reconozco haber pecado muchas veces de “turista” algo que considero una perversión del viajar. Ahora cuando me desplazo intento hacer otras cosas que cumplir el expediente de decir “He estado en tal sitio y he visto tal cosa” e intento mirar a su gente, tratar de entender el lugar, aprender de él, ver que inquietudes tienen, como hacen frente a retos, etc.

Una de las osas que intento no dejar pasar desapercibido es encontrar algo que sea único de ese lugar o al menos que no lo haya visto en otros lugares.

Portugal me ha sorprendido por no ver banderas. Nada más cruzar la frontera vi un modesto cartel informándome de que estaba en Portugal, pero ninguna bandera y durante un prácticamente mes de estancia no he visto banderas portuguesas ni en coches, ni casas, ni comercios, ni bares, ni tan siquiera en tiendas de recuerdos (eso mal llamado “suvenir”). Lo único que se ve más “portugués” es el gallo Barcelos cuya leyenda es idéntica a la de Santo Domingo de la Calzada donde un gallo que se encontraba ya cocinado cobra vida para demostrar la inocencia de un reo ejecutado en la horca.

Solo he visto la bandera portuguesa en algún hotel (no en todos) y edificios públicos. Sorprendentemente ni en el cuartel militar que está cerca de donde me alojo se ve de forma ostentosa la bandera.

Reconozco que las banderas me gustan como reivindicación de algo, pero solo hasta que se logran después me parecen igual que otra tela. Siempre he creído que los países que más patria de bandera hacen son los que en más guerras se meten y esto me hace sentirme seguro en un país como Portugal.

jueves, 3 de agosto de 2017

Me llamo “Yorye”


La frase que más esacucho
Es curioso que llevo solo tres días en el extranjero. Concretamente en Portugal y muchos ya “han aprendido” a decir mi nombre mientras que donde vivo muchos me conocen por “El del pastor alemán” o "el dueño de Polka". 

Donde compro el pan en Portugal o tomo una cerveza tras el trabajo se han preocupado al aparecer por segunda vez en aprender mi nombre e incluso los nuevos vecinos tambien se preocuparon de ello. Yo soy Yorye para ellos pero me encanta sentirme así.

domingo, 14 de mayo de 2017

Los pueblos mueren cuando se olvida su historia.

El texto lo deja claro
Ayer estuve paseando por un pueblo donde se celebra una caminata que pasa por su pico más emblemático. Ese pico resulta que tiene en su cumbre restos de un castro cántabro de epóca romana  y lo sorprendente es que nadie de los que estuve sabía nada de ello, desde gente de mediana edad a gente octogenaria.

Resulta sorprendente ver como los pueblos olvidan su historia y los ayuntamientos no hacen nada por poner en conocimiento de sus vecinos  el legado cultural de quienes en su día fueron también vecinos.

Hay quien certifica que un pueblo muere cuando deja de tener vecinos y no lo creo, un pueblo muere cuando se olvida a quienes un día estuvieron antes que ellos.

Resulta curioso observar como cuando viajamos enseguida nos empapamos de todo lo que podemos del lugar que pisamos y no hacemos ni el más mínimo gesto por saber algo del pueblo que pisamos.

jueves, 9 de marzo de 2017

Recordando a Adares


Una de las muchas frases de Adares

Conocí a Adares (Remigio González Martín 1923-2001) en una fría mañana salmantina. A pesar de la fría mañana, de su avanzada edad y de su párkinson más que notable estaba en una mesa vendiendo sus libros. A pesar del frio que invitaba más a guarecerse que a estar quieto tras una mesa vendiendo su obra, no parecía incomodarle como si estuviese inmunizado a ese frio salmantino que helaba hasta el aliento.  En esa mesa mantuvimos una animada tertulia, el con un cascabel al cuello, dando ese toque extravagante que suele distinguir a los genios, nosotros con nuestro espíritu viajero-aventurero que nos invitaba de continuo a hacer kilómetros y kilómetros. Nunca fuimos unos viajeros de cámara en mano sino unos viajeros inquietos que lejos de buscar la foto que todo turista estaba buscando para “cumplir” el ritual de viajar a un lugar, buscábamos sensaciones, gentes, momentos, y desde luego que el calor de Adares es algo de lo que aun guardo en mi baúl de recuerdo viajero. Adares fue como un viejo amigo que llevas años sin ver y a pesar de ello hablas con él como si el tiempo no ha pasado. La charla fue tan agradable que mientras estuvimos hablando con él se disipo ese frio que tanto nos hacia ansiar un resguardo.
Hoy el facebook me ha recordado que un día hubo una gran persona  con la que compartí un gran momento.

Como decía el respecto al momento de su ausencia “Solo la tierra sabe, cuando la sombra le falta”