Pensamientos y pesares

En este blog, daré cabida a pensamientos personales sobre diferentes temas sin mas pretensión que dar vía libre a mis pensamientos y sentimientos.
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martes, 27 de septiembre de 2022

Frases y más frases

 

Hace años, no recuerdo cuantos, pero seguramente que un lustro se quede corto, empecé a coleccionar frases. Quizás fue porque por aquellos años vivía “tiempos agitados” pero me hicieron ver el mundo de otra manera.

Es curioso que a la gente que ponía frases tras frase en sus redes sociales a veces pecaban de ser lo contrario a lo que publicaban. Yo no se si peco de eso pues a veces el peor juez de uno mismo es precisamente uno mismo, pero sigo coleccionando frases. A veces tristes y opacas, aunque mi estado de ánimo no se corresponda, a veces divertidas, aunque no tenga ganas de ni de respirar, pero siempre con esa inquietud de encontrar esa frase sabia que me diga algo, aunque no sea el momento de esa frase.

Quizás algún día me aburra como me he aburrido de otras aficiones que pensaba que me iban a acompañarme toda la vida, pero mientras dure esta procurare disfrutarla como disfruto de este blog.

Como decía Úmbral “Escribir es la manera mas profunda de leer la vida”


miércoles, 28 de septiembre de 2016

Blogterapia

¿Debe de continuar el show?
Escribir en un blog es tarea difícil cuando pasas de poner videos de gatos y decides poner cosas personales. Cuando usas el blog a modo de “confesionario” nunca sabes dónde está el límite de lo que deseas que la gente sepa y nunca sabes con que libertad puedes expresarte. Cuando escribes sobre sentimientos personales y hay terceras personas implicadas en ello, es complicado escribir de sentimientos. Por este motivo me he planteado a veces pensar qué sentido tiene este blog, que podría servir como válvula de escape y decir lo que a veces nadie te quiere escuchar, pero juegas con el límite de salpicar mucha gente cuando no quieres molestar, solo quieres tener una válvula de escape.

Lo triste es que este tipo de blogs, nunca deberían de existir, deberían ser las tazas de café quienes soportaran el peso de estas cosas. Cierto es que a veces me viene bien rememorar cosas y contar sentimientos, a veces bonitos, o al menos para mí como el caso del “Senda” otras veces sin embargo hay que andar con pies de plomo por no molestar en muchos casos a quién no deberia molestarse.

¿Tiene sentido tener un blog para poder desahogarte cuando una invisible censura ajena se posa sobre él?

lunes, 22 de febrero de 2016

Crónica de un hombre sabio

Hay veces que el Facebook te muestra textos geniales, este es uno de ellos del genial José Saramago . El texto íntegro y ampliado que fue su discurso de aceptación del Premio Nobel ante la Academia sueca se puede leer en este artículo.

Criando lechones con biberón
Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable. Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera".

Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera. Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la vía lactea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea. Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba. Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, le introducía en el relato: "¿Y después?". Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa.

Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: "No hagas caso, en sueños no hay firmeza". Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños. Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada. Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.

José Saramago

martes, 26 de enero de 2016

Libros

Uno de mis libros favoritos
Mucha gente me tiene por un contumaz lector, cosa que no es cierto. Soy un “lector de escuela”, me quede en una literatura clásica dirigida por los libros y autores que aunque no dejan de ser grandes me llevo a cerrar la puerta a otros muchos, y desde mi etapa escolar solo he leído a gusto libros de “regular prensa” como los de Juan José Benítez o Dan Brown.

Mis lecturas se han resumido salvo limitadas excepciones en Baroja, Unamuno, Cela, Delibes, Valle Inclán, Sénder… en cuanto a escritores cercanos y en cuanto a escritores extranjeros Morris West, Herman Hesse, Ernest Hemingway, además de los clásicos destinados en su época a la literatura juvenil como Emilio Salgari o Julio Verne.

Actualmente si se me diría que citara escritores contemporáneos se me pondría en un enorme aprieto. A duras penas podría decir alguno.

Por otra parte no me gusta tampoco ese mirar por encima del hombro de gente que se cree más docta que otra por haber leído libros. Hay gente que no ha leído un libro por circunstancias de la vida y es más sabia que muchos eruditos.

Esta ignorancia mía hizo que me apuntara a un club de lectura por un lado para auto obligarme a leer  novela un género que tenía abandonado y conocer nuevos autores. Esto lo he conseguido a medias. Pues si bien es cierto que estoy de nuevo enganchado a la novela, me olvido casi de inmediato de que persona escribió tal o cual libro.

Sin embargo si he descubierto algo que me está apasionando en los nuevos autores. Los nuevos autores suelen estar más documentados y por lo tanto sus personajes son mas “verídicos” ajustándose bastante a la realidad del tipo de personaje que quiere representar.

Cuando leo un obra en cierta manera me mimetizo en el personaje y es un poco como haber vivido numerosas vidas que no me han tocado vivir y entenderlas, puedes ser por un momento el personaje de la novela, pero aun hay algo más importante que poder ser por un momento el personaje de la novela es sentir como ese personaje. Por un momento puedes vivir la vida de personajes que nunca has sido en la vida real como puede ser un paralitico, un fugitivo, un juez, un homosexual, una mujer, una persona anciana, un devoto de una religión concreta y un largo etc. Desde ese momento aunque parezca absurdo, el haber empatizado con esos personajes hacen como si me sintiera autorizado de poder opinar de temas que jamás he conocido en la vida real, quizás porque mientras paso páginas, una parte de mi se convierte en un personaje en concreto.

jueves, 10 de septiembre de 2015

¿Gente sincera? Mejor gente sin cera

Reconozco que peco de falta de valor si se que se va a sufrir
Dan Brown en su obra “La fortaleza digital” juega con la palabra “sin cera” usando “mi amistad sin cera” al final de la obra explica que esa frase tiene que ver con los escultores que a la hora de hacer sus obras si se equivocaban y hacían algún desperfecto lo tapaban con cera y así podían continuar la obra sin arruinar el trabajo ya realizado. Cuando una escultura estaba bien acabada era “sin cera”.

En el tema “gente sincera” he conocido tres tipos al que reconozco no pertenecer a ninguno de los tres, pues reconozco que uno de mis muchos defectos es no decir la verdad sí creo que la persona en cuestión va a sufrir por ello y en el mejor de los casos opto por el silencio.

Los tres tipos que conozco son.

El sincero estándar: Es la persona que dice las cosas porque cree que tiene que decirlas pero no piensa más que en decir lo que cree que es justo decir sin importarle los sentimientos de quien recibe el mensaje.

El sincero amigo: Es la persona que te dice la verdad aunque te destroce por dentro ofreciéndote su ayuda para que te recuperes del golpe.

El sincero hijo de puta: Esta persona se cree en un pedestal por ser sincera e ir de frente, pero utiliza la sinceridad como arma destructiva, algo con lo que golpear, al ser posible en público para infligir mayor herida y regocijarse del daño causado.

Yo me quedo con las dos primeras clases de personas especialmente con el "sincero amigo", me gusta la “sinceridad sin cera” No me gusta esa cera que la visten de “sinceridad” pero sirve para ocultar los defectos de una miseria moral que se regocija en el dolor ajeno.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Un buen texto leido en facebook para reflexionar

Hay veces que en Facebook te encuentras muy buenos textos, a veces de gente anónima que un día quedaran olvidados. Este es uno de ellos. Pertenece a Pedro A. Ferrero. Espero lo disfrutéis
La vida nos da una falsa sensación de libertad. Creemos tener el poder de decidir, de controlar nuestro destino, pero no es así. Todos habitamos celdas con barrotes invisibles, cárceles con vistas al mar. Para algunos, esos barrotes son un matrimonio en el que hace mucho tiempo dejaron de ser felices. Cuando el tiempo, la rutina, los niños o la pobreza entraron por la puerta, el amor saltó por la ventana, que cantaban algunos. Para otros, esos barrotes son deseos inconfesables que no casan con el convencionalismo social que desde siempre nos impusieron. Envidiamos a los demás sin reparar en que los demás también tienen otros barrotes diferentes e invisibles a sus propios ojos. Deseos imposibles. Cartas que nunca se envían, que yacen ahogadas en el mar del olvido. A veces la cárcel es física, como el estar atrapado en un cuerpo que no quieres, o un cuerpo enfermo, o un cuerpo que no da de sí todo lo que tú quisieras. Otras veces se trata de algo más sutil, esa sensación con la que te levantas un día rebosando el vaso del hartazgo y te das cuenta que a tu medio siglo de vida aún no has VIVIDO realmente la vida con mayúsculas que te hubiera gustado vivir, algo para recordar, porque siempre soñaste con volar entre las nubes pero nunca pudiste elevarte más allá de a ras del suelo. En muchas ocasiones, los barrotes son mentales, te los autoimpones tú. El qué dirán y el qué pensarán de mí son dos buenos constructores de muros y celdas. Todas estas cárceles tienen algo en común: todas ellas tienen bonitas vistas. Vistas al mar del olvido en que nos ahoga la telebasura, vistas a los informativos que mienten más que hablan, vistas a las pantallas de Internet, los juegos o lecturas que nos ayudan a evadirnos de nuestra realidad cotidiana. Qué sería de nosotros sin éstas bonitas vistas que nos abstraen del día a día... quizá sin ellas, el propio día a día en nuestra cárcel interior se haría del todo insoportable. De una cárcel te puedes fugar, llegado el caso, pero ¿cómo escapar de algo que está dentro de ti mismo?

lunes, 10 de agosto de 2015

La sabiduria de los "paletos"


Pelicula "El disputado voto del sr. Cayo
Estoy bastante aburrido con el desprecio que se mira al mundo rural, ese aire de paleto ignorante que se le da. Detesto ese pensar de que la gente de cierta edad que no tuvo estudios son unos pobres analfabetos a los que se puede mirar por encima del hombro. Cada vez que escucho algo de esto me acuerdo de esta frase de “El disputado voto del señor Cayo” de Delibes. Cayo es un hombre de campo, sin estudios, y sin embargo esta frase resume de forma ejemplar la enorme importancia del señor Cayo.

"Imagina por un momento que un día los dichosos americanos aciertan con una de esas bombas de neutrones que matan pero no destruyen, es una hipótesis, una bomba que nos matara a todos menos al señor Cayo y a ti, pues bien, si eso ocurriera tendrías que ir corriendo a Cureña, arrodillarte ante el señor Cayo y suplicarte que te diese de comer. ¿Comprendes? El señor Cayo puede vivir sin Rafa, pero Rafa no puede vivir sin el señor Cayo."