Pensamientos y pesares

En este blog, daré cabida a pensamientos personales sobre diferentes temas sin mas pretensión que dar vía libre a mis pensamientos y sentimientos.

jueves, 16 de abril de 2026

Aprendiendo a ver museos

Cuando hacemos eso que llamamos turismo, una de las actividades casi inevitables es visitar un museo. ¿Cómo estar en Madrid sin pasar por el Prado, o en París sin entrar en el Louvre? Lo mismo podría decirse de tantos otros museos, de toda índole, repartidos por el mundo.

El problema es que, al recorrerlos, solemos limitarnos a confirmar con nuestros propios ojos lo que ya hemos visto mil veces en fotografías. Nos detenemos ante las obras más famosas e ignoramos otras muchas que, aun siendo desconocidas, no son menos interesantes. Así, podemos decir que hemos visto la Gioconda, la Dama de Elche, la piedra Rosetta, el busto de Nefertiti y un largo etcétera, pero salimos sabiendo prácticamente lo mismo que al entrar.

Yo mismo he caído en ese error. Reconozco haber visitado museos de los que salía igual que entraba: sin haber aprendido nada nuevo, lanzando apenas miradas rápidas a las piezas, sin detenerme en los detalles.

Sin embargo, cuando empecé a visitar museos que realmente despertaban mi interés, como algunos etnográficos o de ciencias, mi forma de recorrerlos cambió. Empecé a detenerme, a observar con calma, a fijarme en los pequeños matices. Y también he de admitir que a veces lo he pasado mal cuando iba acompañado, porque sentía que mi ritmo ralentizaba al grupo.

Creo que en la escuela debería enseñarse a visitar museos: no solo a ir, sino a mirar. A valorar lo que se expone y a entender que una visita no debería ser un simple trámite turístico. Ese afán de decir “yo he estado en el Louvre” para dárnosla de "culturetas",  resulta vacío si salimos de allí tan ignorantes como cuando entramos.

domingo, 8 de marzo de 2026

Tolerancia, aceptación e integración

Recuerdo en los lejanos años 80 como en películas y música el machismo estaba omnipresente e incluso había humoristas como Arévalo que convirtieron el ser gangoso y homosexual en objeto cómico.

Afortunadamente todo comenzó a cambiar y poco a poco aquello que hasta entonces se consideraba “normal” de golpe y porrazo nos dimos cuenta que no lo era.

Como seres humanos que somos no pudimos cambiar nuestros sentimientos heredados de la sociedad de entonces, pero aceptamos que no estábamos en lo correcto. 

Al principio fue una especie de “apartheid” del “diferente”, es decir se le aceptaba, pero a cierta distancia.  Pero ese fue solo el comienzo, luego empezó a darse un paso más, nos empezamos a comunicar con ellos y les empezamos a ver como lo que son que no es otra cosa que iguales, pero aun quedaba el estigma de guardar distancia y que no se me vea a solas con ellos, luego salvo algún sector carca dimos un importante paso que fue integrarlos y formar parte de nuestro día a día. Hoy no hay problema quedar con un gangoso, un homosexual o un tartamudo como nunca debió haberlo.

¿Creéis que eso no podría extrapolarse a términos como la islamofobia o la xenofobia?, yo que he trabajado con extranjeros y musulmanes veo que hay un prejuicio absurdo y que nada tiene que ver

Parece me olvido del tema machismo que he citado lo primero, y lo he hecho un poco adrede y no, lo he distanciado pues si bien la relación hombre-mujer empezó a cambiar para bien, y nunca hubo ese “apartheid” social ya citado no es menos cierto que la sumisión de la mujer al hombre empezó a cambiar y reducirse, pero actualmente por desgracia, la cosa cambia y hay quien incluso se enorgullece de declararse machista.

Yo reconozco que quienes venimos de esa generación somo “convencidos” pero no “nacidos” y por ello de forma inconsciente aun atesoramos de forma inconsciente errores de aquellos tiempos.

¿Qué demonios está pasando para qué en quienes nos han acompañado desde el inicio de los tiempos se empiece un retroceso en los lentos avances que ha habido?

domingo, 8 de febrero de 2026

La complicada cesta de la compra

 

Hace unas semanas en un supermercado me toco en mi misma cola una mujer que tenia una serie de alimentos básicos como leche, pan, fideos, huevos, legumbres… es decir alimentos de primera necesidad. Como se veía que no sabia hasta donde le iba a alcanzar el dinero empezó a poner en la cesta los alimentos intercalando de vez en cuando un tetrabrik de leche. Dio orden a la cajera que cuando llegara a la cantidad de 22,35 euros si no recuerdo mal, dejara de pasar productos pues era todo lo que tenía.

Yo estaba dispuesto a pagar parte de esa compra si veía que algo se quedaba sin pagar. No hizo falta. Afortunadamente se pudo ir con su compra e incluso llevarse un tetrabrik de vino blanco como único lujo.

Una vez escuche hablar de la iniciativa “café pendiente” que consistía en dejar cafés pagados para aquellos que no pueden permitirse el lujo de pagar un café. Alguna vez pensé que eso mismo se debería hacer en los comercios donde se vendan productos de primera necesidad.

martes, 13 de enero de 2026

Navidades tristes

Aprendiendo a guarecerse de la navidad

Como saben quienes me conocen, no soy devoto de la navidad. Cierto es que no me afectan a mi estado de ánimo y mi ánimo se mantiene igual que cualquier otra fecha del año. Sin embargo, hay mucha gente a la que le supone una tortura.

No sé si será percepción mía, pero me parece que cada vez los comercios se engalanan menos, y la música navideña ya no esta tan presente.

A pesar de todo veo que a mucha gente le afecta de sobremanera. Escuche no hace mucho en la radio que al 65% de la población le afecta significativamente las navidades provocándoles estrés y ansiedad.

A modo de anécdota, al salir de un supermercado había un grupo de trabajadores descansando y comentaban lo hartos que estaban de los villancicos y que había quien tenía la baja por depresión. Yo de trabajar en esas condiciones, estaría en ese caso.

Por citar algo positivo, quiero decir que prefiero los villancicos al reguetón. Reconozco no haber entrado en algún sitio por sonar esa música que tortura mis oídos.

jueves, 25 de diciembre de 2025

Lo que aprendí de la cultura vasca


Soy un enamorado de la cultura vasca y dentro de mis modestas posibilidades he procurado aprender todo lo posible de ella. Sin embargo, lo más importante que he aprendido, no ha sido el amar a la cultura vasca, sino a respetar a todas las demás culturas. Por ello mi biblioteca tiene muchos libros de cultura vasca, pero muchos más de otras culturas que los conservo con igual cariño.

Resumo con una frase que llevo muchos años diciéndola, quien realmente ama a su cultura, respeta a la de los demás.