Pensamientos y pesares

En este blog, daré cabida a pensamientos personales sobre diferentes temas sin mas pretensión que dar vía libre a mis pensamientos y sentimientos.
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lunes, 30 de mayo de 2016

No solo mueren las tradiciones

El hogar de la chimenea
Hoy me he encontrado en facebook un post sobre cosas de antaño.

Reconozco ser un sentimental del tema de antaño, un sentimental algo estúpido que añora las cosas que no conoció y que tiene una idea romántica de ellas pues si tuviera que vivirlas hoy en día no me gustarían. Si es cierto que me quedo con la parte “bonita” de la tradición pues muchas veces sueño en pasar una velada con amigos a la luz de las velas, cocinar en un fuego de leña, y cosas similares, pero si tuviera que pasarme toda mi vida usando velas, o cocinando con leña, estaría maldiciendo mi mala suerte.

Sin embargo si hay algo que añoro de antaño, o mejor dicho varias cosas aunque prácticamente se puede resumir en una, “calor humano”.

Hubo un tiempo donde la gente tenía nombre, o apodo y no era “El vecino del quinto, la dueña de Boby, la del 127, o el del las camisas a cuadros. Hubo un tiempo cuando los niños regresaban a casa después del colegio y no había nadie en casa no estaba se recogían en alguna casa vecina y se les daba la merienda. Cuando los niños eran cuidados un poco por todo el vecindario. Donde los problemas de un vecino eran un poco los problemas de todos. Donde se ayudaban unos a otros, donde el tendero si andabas apurado te fiaba lo que cogías y te lo apuntaba.

En los pequeños núcleos rurales era aun más cercano todo. Todo funcionaba como una cooperativa, cierto es que había vecinos con roces, pero también había mucho trabajo en común, mucho trueque y mucha solidaridad.

Recuerdo cuando me contaba la gente mayor que en tiempos difíciles a veces en una casa comían varias familias cada uno aportando lo poco que tenían, o como en algún libro que tengo a la hora de la matanza había cosas destinadas a entregar a la gente necesitada del pueblo.

La sonrisa era el traje que vestían todos los mayores que eran cuidados en casa con sus familias y el estrés era una palabra desconocida.

Esa es la parte amable de la tradición que nunca debió perderse, y que ojala algún dia despertemos y la recuperemos.

jueves, 31 de marzo de 2016

El amor no tiene edad

Enhorabuena a los que no pierden el cariño
Últimamente veo cada vez a más gente peinando canas paseando de la mano. En tiempos de divorcios y tantas rupturas de pareja es todo un merito.  Hoy a pesar de que el cielo amenaza con descargar un diluvio en cualquier momento he visto a dos personas peinando canas besándose. No soy de esos romanticones que van fijándose en los cariños de los demás pero me ha parecido bonito.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Confesiones de un romántico

¿Quién se apuntaria a algo asi?
Hoy en el muro de uno de mis contactos de facebook se hablaba de viajar en el tiempo y derivo a que época nos gustaría viajar si eso fuera posible. Ganaba por goleada la edad media. Yo por mi parte como siempre una vez más fui el “exótico”.

Cuando llego mi turno dije que simplemente viajaría al mundo rural de finales del siglo XIX a los años 40 del siglo XX más o menos.

Los motivos son básicamente dos y ambos de corte romántico.

El primero es el más romántico, pues me encanta la iluminación a llama y la ausencia de vehículos a motor o al menos su ausencia en la mayor medida posible. El segundo sin dejar de ser romántico tiene el halo añadido del misterio. Para nosotros cosas que son “leyendas” o “supersticiones” para ellos era una realidad visible y palpable.  No es el primer relato que escucho de gente de primera mano de como su abuelo se levanto para apaciguar el ganado pues andaban las “brujas” en las cuadras o usaban amuletos o hacían rituales para diversos males como enfermedades, tormentas, presencias del maligno…

Reconozco que esto que digo tiene un toque romántico, pues no es lo mismo soñar con viejos tiempos que vivir esos tiempos. Esto me recuerda a gente que se fue a vivir al pirineo catalán y cuando se dieron cuenta de que los animales no entendían de fiestas, bodas, enfermedades y demás, y que para cualquier necesidad necesitabas un coche para hacerte casi una hora al primer pueblo habitado, se fueron como vinieron. Yo estoy seguro que sería uno de esos. Eso sí, un fin de semana alejado de la civilización en buena compañía, con un buen fuego e iluminación a velas no le haría ningún asco.