Pensamientos y pesares

En este blog, daré cabida a pensamientos personales sobre diferentes temas sin mas pretensión que dar vía libre a mis pensamientos y sentimientos.

domingo, 28 de febrero de 2016

Mirando culos

Es una fruta para evitar censuras
Últimamente estamos acostumbrados a ver el machismo en todas las partes, a veces con razón, otras veces agrupado en ese vago termino de “micromachismo”. Hoy me ha sorprendido leer que mirar el culo a una chica lo es.

Como pecador soy y reconozco que miro culos  me he sentido perplejo ante esta afirmación.

Mirar el culo a una chica no lo considero más que una expresión de la sexualidad, otra cosa es como se expresa esa sexualidad. No es lo mismo seguir a una chica mirándola el culo lo que podría ser considerado acoso, que mirarla de refilón, o simplemente mientras caminas que tu vista se fije en uno.

Yo personalmente me doy cuenta de que mi forma más habitual de mirar el culo es casi de “piloto automático” muchas veces ni tan siquiera soy consciente de ello. Voy pensando en mis cosas y mientras voy en mis “mundos de Yupi” la vista se fija en el trasero de una mujer sin ser muy consciente de ello.  En ocasiones también cuando pasa una chica a mi lado que me parece atractiva la miro. Sin embargo no veo que en mi actitud pueda haber algo de machismo de “yo soy hombre y por lo tanto tengo derecho a mirar tu cuerpo” pues el derecho lo considero de por sí, de la misma manera que puedo mirar cualquier otra cosa que pase por mi vista.

Sin embargo si detesto al que mira persiguiendo a una mujer o el que lanza frases molestas. Sin embargo a este no le considero tampoco machista, le considero algo peor, acosador. Este tipo de personas que no saben controlar su sexualidad de una forma sana, son los que creo que sobran. Yo seguiré mirando traseros, a veces siendo consciente de ello, otras veces en modo “piloto automático” pero siempre con respeto. De la misma manera que si veo un escaparate y hay algo que me gusta miro, lo seguiré haciendo pero de la misma manera que lo que hay en el escaparate porque me atrae no entro a robarlo, seguiré respetándolo. Podréis decirme de todo, pero desde luego que en ese aspecto tengo la conciencia limpia sobre el tema machismo.

sábado, 27 de febrero de 2016

Dios VS Lucifer

¿Estamos del lado del bueno?
Hace unos idas moría Umberto Eco. Reconozco no haber sido gran lector de él, y su único libro que he leído es “en que creen los que no creen” cuyo texto esta compartido con el entonces arzobispo de Milán Carlo Maria Martini y hay un debate interesante sobre la fe. 

En uno de los capítulos de este libro se dice algo así como “¿Están seguros los que creen de que creen y los que no creen de que no creen?” llegando a la conclusión en el libro, (no recuerdo quien de los dos hace este análisis) de que ni los creyentes están seguros de creer noi los ateos de no creer.

Yo reconozco tener un cacao en mi cerebro impresionante sobre este tema, me considero ateo de pensamiento pero agnóstico de corazón. Si bien mi cerebro dice que creer es tan absurdo como creer en Blancanieves  y los siete enanitos  hay otra parte de mí que dicta que es absurdo entender este mundo sin un “algo” que lo haya montado.

Voy a ponerme a pensar que hay “algo” y aceptar que  este “algo” nos maneja de alguna manera.  Si acepto este algo viendo las cosas que veo, yendo a una mitología cristiana por citar la que mas conozco me vienen a la mente dos frases. Una recogida en la obra de José Luis Coll en su obra “El hermano bastardo de dios” donde desde su infantil mirada no entendiendo como su concepto de dios permite tantas injusticias lanza la hipótesis de que es cosa de un hermano bastardo de dios el que permite esas atrocidades. Otra frase la leí en un libro sobre el culto al diablo donde los luciferinos marcaban distancias con el satanismo, pues aseguraban que Lucifer viene de “el que trae la luz” y este es un ser bondadoso que ama los hombres. Mientras que el dios de la biblia priva al hombre de conocimiento y placer pues ya desde el mismo génesis prohíbe el fruto que les daría conocimiento a Adam y Eva, Lucifer no niega ese conocimiento al hombre y no prohíbe cosas que generan placer al hombre como la sexualidad o la gula. Este libro sostiene que hemos rezado al dios equivocado demasiado tiempo. Yo cada día pienso más en lo mismo. Hoy me han contado una calamidad a alguien que conozco y viendo el injusto trato sobre los seres humanos pienso que si alguien pretende que hay un dios ese es un dios bastardo, o al menos se ha perdido el tiempo rezando a un dios equivocado.

lunes, 22 de febrero de 2016

Crónica de un hombre sabio

Hay veces que el Facebook te muestra textos geniales, este es uno de ellos del genial José Saramago . El texto íntegro y ampliado que fue su discurso de aceptación del Premio Nobel ante la Academia sueca se puede leer en este artículo.

Criando lechones con biberón
Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable. Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera".

Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera. Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la vía lactea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea. Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba. Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, le introducía en el relato: "¿Y después?". Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa.

Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: "No hagas caso, en sueños no hay firmeza". Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños. Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada. Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.

José Saramago

domingo, 21 de febrero de 2016

Vascofobia

Pintada del municipio de Ribamontán al Mar
Estoy aburrido de vascofobia, no es la primera vez que escucho una frase hiriente, o al menos molesta hacia los vascos.  A veces se hacen bromas algo molestas sobre mis ocho apellidos NO VASCOS cosa que aseguro que en Euskadi no solo no pasa, sino que se considera de muy mal gusto.

Esta mañana he escuchado una conversación en que uno mas o menos decía a otro que los cántabros somos gilipollas por permitir que aquí trabaje todo Cristo mientras que en Euskadi o Cataluña  o sabes euskera o catalán o no puedes trabajar. No es la primera vez que escucho algo así, a veces incluso espoleadas por políticos de la talla de Revilla que hacen frases vascófobas en este sentido.  He estado en entrevistas de trabajo donde al escuchar mi “acento sudamericano” (lo de sudamericano aseguro que me lo dicen mucho, esta semana me he enterado que mis compañeros de clase de un cursillo del INEM  especulaban con que era colombiano) me preguntaron de donde eran y al decir que vasco que es algo que he borrado de mi currículo , he visto torcer el gesto, incluso en una ETT donde al entregar uno, la chica que me atendió me dijo ¿Pero tú eres vasco? Como si esto tuviera algo que ver en la contratación.

Hoy como si se tratara de una casualidad me he encontrado en el suplemento” XL semanal” que se distribuye con varios periódicos en este caso con “El diario montañés” el siguiente artículo, que si bien no lo considero vascófobo pues no dice que los vascos nos e les permita trabajar en Cantabria si me parece interesante.

El texto dice:

“El otro día encontré en una consejería del Gobierno regional un par de funcionarios vascos. ¡Qué bien! Esto es España, igualdad de oportunidades para todos. Me dicen que parte de los 'mandamases' de sanidad son de fuera. ¡Qué bueno! Será que se busca personal meritorio. Luego un familiar me recuerda que para opositar en el País Vasco has de saber euskera, en Cataluña tres cuartos de lo mismo con el catalán. ¡Qué bien! Estas regiones defienden su cultura e idiosincrasia. En Cantabria nos encontramos con que el paro no mejora, los puestos de trabajo los ocupan con facilidad los de fuera, y los de aquí tienen difícil trabajar en el pueblo de al lado... ¿Será que aquí no hay personal competente? O quizá haya que imponer en las oposiciones unas mejoras que defiendan nuestra idiosincrasia y compensen la desventaja que supone para opositar fuera conocer solo el lenguaje castellano. Se podría preguntar qué es 'chón', 'pindio' o 'balda', o la diferencia entre bocarte, anchoa y boquerón. O quién era Pichucas el del muelle o dónde está el pico Tres Mares (por proponer simplicidades). Aunque no sea más que por interés, añadir en las oposiciones un examen de cantabricidad. La caridad bien entendida empieza por uno mismo.”

Vayamos por partes.

  1. Hay mas cántabros trabajando en Euskadi que vascos trabajando en Cantabria, algunos llevan años afincados en Euskadi, otros se desplazan a diario.
  2. Estoy de acuerdo que debería haber un mínimo de cultura cántabra entre los funcionarios del gobierno autonómico (que no regional)  pero me temo que si hacemos un examen me temo que muchos “cántabros de pura cepa” no lo pasarían.
  3. Hay un componente de rechazo hacia las culturas autonómicas.  Entendemos que se pida en una empresa un idioma sea inglés, francés, alemán, italiano o el que sea porque tienen clientela que habla es alengua y no se entiende que en un trabajo en una comunidad autónoma donde mucha población se siente a gusto hablando algo diferente del castellano se pida esa lengua.
  4. Los cántabros afincados en Euskadi aseguro que no son ni mejores ni peores que los vascos que están en Cantabria. Por desgracia el que recibe pide integración pero el que llega tiene esquemas mentales que en vez de buscar el adaptarse al lugar donde llega, prefiere que ellos se adapten a él. Es muy mítico escuchar la frase “hablar en euskera cuando alguien no lo sabe es de mala educación” y realmente lo es pero nadie se plantea que llevar años e incluso décadas en un lugar sin haber hecho nada por aprender la cultura del lugar no es de muy buena educación que digamos.  Ni tan siquiera cuando vamos al pueblo de al lado hacemos lo más mínimo por conocerlo.

Yo soy un hijo de la emigración política y económica, podía el azar haberme hecho nacer en vete a saber que otro lugar, pero naci vasco y si algo he visto que defectos y virtudes nos igualan a un lao y otro de la frontera tanto por parte del “llegao” como del de “soy de aquí de toda la vida”

miércoles, 17 de febrero de 2016

¿Cuánto duele un golpe verbal? ¡STOP ACOSO!

Ni con niños, ni con adultos
Ayer leí este interesante artículo donde dice una cosa muy cierta, que muchos de los que somos más beligerantes con los casos de acoso y competimos a ver quien es más justiciero en sus mensajes de las redes sociales en su día fuimos también verdugos o en el mejor de los casos cómplices y es cierto.

Sin embargo pensamos que esas cosas del acoso solo pasan en la niñez y no es cierto, también en la edad adulta. Hoy mismo la profesora que nos da clases en un curso del INEM que es psicóloga de profesión ha hablado sobre esto y ha comentado que en la edad adulta los “golpes verbales” son más duros que en la infancia y no sé si será cierto pero si se que por muy adulto que seas esas mal llamadas bromas, pues bromas es cuando las dos partes se ríen, pueden herir muchísimo, y sentir como si te golpearan una y otra vez incluso durante años. Lo peor es que en este juego de las mal llamadas bromas, todo el mundo también suele tener su papel bien de víctima, bien de verdugo o bien de cómplice y muchas veces se le ríen las gracias al verdugo que explota alguna debilidad de la victima para sentirse bien mientras la víctima es destrozada.

Yo por mi parte he decidido no entrar más en ese juego ni de víctima, ni de verdugo, ni de cómplice pues reconozco a lo largo de mi vida haber sido las tres cosas.