Leo estos días montones de noticias relacionados con la crisis en Ceuta. Me indigna enormemente que los menores sufran sin comerlo ni beberlo agresiones.
Lo triste es que, por razones ideológicas, carentes de cualquier humanidad se lancen proclamas de odió a menores cuyo único delito es que el azar les haya hecho nacer de padres que no gustan a gente carente de un mínimo de empatía ante el sufrimiento ajeno.
He citado a los menores de Ceuta por estar ahora en las noticias, pero esto lleva años sucediendo. Por citar dos casos ajenos al asunto de Ceuta que me han indignado y de aspectos antagónicos citare los hijos de gente de la política como Pablo Iglesias, Irene Montero y Santiago Abascal.
He elegido estos casos por antagónicos y por mostrar la indecencia de que un menos sea acosado desde el vientre de su madre mostrando incluso radiografías por medios de comunicación rematando los numerosos deseos de muerte a los hijos de unos y otros.
Yo no voy a negar mi antipatía absoluta hacia el ideario de Abascal, pero jamás de los jamases se me ocurriría usar sus hijos para atormentarles por el malestar que me genera su progenitor.
Yo tengo claro que el futuro adulto de nuestra sociedad se basa en el trato que damos hoy a la infancia y esta debe estar protegida entre otras cosas, del odio.

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